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Me preguntaste por qué mis labios fueron besados por tantos otros y no supe qué contestarte. No sirvo para dar excusas ni para hablar claro, porque siempre me enrollo con las palabras y cuando tan sólo quiero decir unas cuantas digo un mogollón.

Pero no, sé que no te sirven mis excusas, y que siempre pensaras que mis labios llegaron a ser como un burdel pasajero.

No te lo negaré porque el pasado no se puede borrar.

Tan sólo puedo decirte que jamás pensé que podían tener tantos sabores los distintos besos. Descubrí que algunos besos no significan nada y solamente son el roce de los labios, en cambio, otros son pura adrenalina, son latidos constantes, como si el corazón se saliese de pecho. Son besos sinceros y amados.

No me da miedo decirte  que de ochenta besos sólo uno es el verdadero, y los demás pasajeros que no dejan ningún sabor, ni siquiera un mero recuerdo.

T

 

Es cierto, no me entiendes ni me entenderás jamás. No aprendiste en esta vida a saber escuchar.  Nadie te enseñó, lo sé, me sabe mal, realmente mal.

Tan solo oyes, involuntariamente puesto que tienes odios y no estás sordo.

No consiste en quedarse quieto delante de una persona con los ojos abiertos y la mirada fija, no. Para hacer eso, no lo hagas, en serio déjalo, no te molesto más, no digas que quieres que hable. ¿Para qué? si al final de todo el cuento que te explico, sales con la frase “eso ya lo sabía”. Me muero de risa, así te lo digo. Rompo a carcajadas, porque si lo sabias lo hiciste, y si sabias que me molestaba lo hiciste dos veces más. Porque no me conociste puesto que jamás me escuchaste.

Mejor. Sí. te lo vuelvo a repetir, si quieres escucharme quítate la tontería de encima, ven a mi encuentro limpio de estupidez, hazme ese favor.

Cuando empiece hablarte no hagas como que me entiendes, si algo queda en duda, tranquilo, levanta la mano, chilla, da palmadas pedazo de pelmazo y dime a la cara “no, no lo entendí, no sé como conjugar el verbo amar”. Tranquilo adquirí dotes de paciencia durante largos años, y sé quedarme con la misma cara si me dices tal aberración. Te diré, seguramente, que lo conjugues como “yo amo”, no como “yo  amé” o “amaré” Ya te lo dije una vez, el pasado y el futuro me dan igual, vivo en el presente y amo el presente.

Vamos por buen camino, sigamos.

No, te tengo que negar otra cosa, no eres perfecto. Lo siento cariño, no sabes escuchar voluntariamente y tampoco respetas, fallaste amigo, da igual nadie es perfecto. Sé que al saber esto te derrumbaras pero no pasa nada, la gente valiente una vez cae apoya la mano en el suelo y se levanta.

Otra cosa, antes de que se me olvide, no vistas nunca más de blanco, ni se te ocurra. Así engañas a las personas. No eres un ángel, ni mucho menos. Cada vez que vistes de blanco pienso que te reencarnaste en otro, pero nada más hablar sé que sigues siendo el mismo. Si vistes de blanco recuerda pegarte unas alas a la espalda, para saber que vas disfrazado de ángel cuando en realidad no lo eres.

Mis lecciones no continuaran porque me doy cuenta de que yo jamás te podré enseñar a escuchar. Lo siento, soy incapaz. Tal vez no tengo tanta paciencia como creía.

 Sé que si lo hiciera sería mi ruina. Me quedaría hecha añicos, con ojeras y  defraudada. Solamente te diré que si alguna vez te da la gana escuchar a alguien no bosteces ni preguntes la hora.

Teresa.

Sentadas alrededor de una mesa de madera, alumbradas por luces tenues, pacíficamente, en aquel Pub dónde sólo necesitábamos seis claras con limón y nuestra buena compañía. Nos mirábamos, suspirábamos e intentábamos comprendernos. Debatíamos sobre el amor, maldito tema del amor, que crea locuras en nuestras cabezas.

 No, no somos iguales. Diferentes en todos los sentidos, cada una con sus gustos y sus hombres. Diferentes pero con una misma verdad: la necesidad de tener en nuestra vida alguien que provoque una revolución en cada hueco de nuestra cabeza, alguien que sepa enredar todos nuestros sentidos, hasta que nos vuelva locas.

Qué tendrá el amor que nos vuelve tan estúpidas…. No lo sé, y creo que nunca encontraré la sustancia prohibida del amor, siempre quedará indefinida y jamás descubierta.

Siempre pensé que el dinero y la fortuna era lo más deseado…ahora sé que no. Tan sólo cuando se habla de amor se llena la boca de palabras que reflejan miles de sentimientos, amores traicioneros, perdidos, deseados, odiados, amores verdaderos, amores con pasión…

El amor es tan subjetivo y relativo… 

Allí nos encontrábamos, conversando sobre nuestras estupideces; no, no somos tontas por sentir lo que sentimos, por recordar y nunca olvidar, por ponerle su nombre a la ciudad.

De los recuerdos, del pasado, de los errores se formas las personas.

Tan sólo brindábamos por nosotras, y por todo lo que nos regalará el futuro.

Teresa.

Te repites constantemente que no debes tener miedo. Que la confianza y seguridad deben ser tus mejores aliadas. Pero sé que luego todo cambia, finaliza como no lo deseabas, yéndose las ilusiones al lugar menos deseado: tu silencio.

Siempre callas y no reaccionas. No te muestras y te escondes.

No pido que seas como ella, y que de tanto mostrar te salgas de tu interior, hasta tal punto que des de comer a las bocas hambrientas. No, no ni mucho menos.No quiero que seas como ella, que no tengas claras tus emociones, y que el querer sea sinónimo de monotonía.No pidas que todo resulte fácil, tal cual lo esperabas, siempre te he advertido que toda lucha tiene una recompensa.

 De verás, si te dedico estas palabras, es para que escuches tu interior, y encuentres a tu persona.

Alguna vez en nuestra vida, necesitamos alejarnos del mundo, arrinconarnos en una esquina, cerrar los ojos, encontrarnos con el  silencio, y hablar al  interior. Decirte a ti misma constantemente,  lo nunca dicho, verdades y sentimientos.

Es el momento en el cual debes  mirar desde arriba tu vida, e incluyas a él en el lugar correcto, pienses si vale la pena luchar por él. Ya te dije, que no quiero que seas como ella, y que él sea un simple capricho.

Os miráis inocentemente, pero calláis. Pero los ojos dicen más que unas palabras

No hay quien os entienda. Si en el ambiente se podrían cortar los deseos…

Te lo repito, no aprendas de ella. Si necesita jugar al amor, y pasar el rato con él, perfecto, pero  no le copies. Si sientes celos de ella porque le toca, ignórala, márchate a otro lugar, maldícela.

Acabará cansándose de las estupideces de la niña, se dará cuenta del tiempo perdido.

Sólo me queda decirte que quieras de verdad, que hables de corazón que sonrías  con amor, que actúes con naturalidad y sobre todo que apartes de ti el maldito miedo, ignóralo por un momento…

 

 

 

 

Teresa

 

Recuerdo cuando tenía seis años, y el día de los Reyes Magos, lo vivía con cierta felicidad, sintiendo la magia y soñando que acudían tres reyes, que entraban por la ventana o traspasaban la puerta, para dejarme algún regalo…

Siempre me proponía no dormir esa noche, tan solo para poder verlos. Y nunca lo lograba, acababa durmiéndome y a la mañana siguiente ya tenía los regalos. Pero estoy segura de que algún año vi una capa y un  camello en mi balcón.

Con unos años de más, ya no tengo la misma ilusión, ni el mismo miedo que tenía a los Reyes que aparecen en las cabalgatas, ni siquiera me miran a mí. Con seis años, notaba que me miraban e incluso me guiñaban un ojo, y ante eso aparecía todo mi respeto y bajaba la mirada.

Cuando me dijeron la realidad, fue una desilusión muy grande, siempre creyendo en la magia, para que al fin se esfumara, al igual que desaparecen los polvos mágicos al soplarlos.  

Ahora siendo algo más mayor, no pienso en mis regalos, ni en los Reyes Magos, tan solo en aquellos niños que no reciben nada. Que se levantan año tras año y no encuentran un mero puzzle, ni una muñeca, ni una pelota, ni una bici.

Nada. Porque ellos no tienen nada, viven en la miseria y aun así arrancan sonrisas cuando les ofreces cualquier cosa, cuando simplemente les dedicas una mirada sonriente o un abrazo. Todavía te muestran sus dientes de leche, y sonríen.

Es aquí cuando para mí se acaba la magia de este día, tal vez si recibiéramos todos por igual, cada  niño tuviera un regalo a los pies de su cama, entonces seria el día más mágico del año. Ahora solo sirve para mostrar las claras diferencias del mundo en el que vivimos…

Teresa.

Ella

Nunca imagine que mis ojos podían ver tal belleza, que serian aptos para contemplar aquel rostro. Nunca creí que encontraría a una mujer, de la cual no pudiera decir que era guapa ni opinar, porque tales piropos que pudiera decirle, ninguno de ellos alcanzaría toda su perfección, decirle que era preciosa era ridículo, en comparación con lo que cualquier ojo humano, podía mirar.

No te cansabas de mirarla, no dañaba la vista, la milésima de segundo que parpadeaba era una catástrofe para mí, para este hombre que nunca vio tal belleza sobrehumana.

Quiero describir con esmero todo lo que vi, aunque no fuera por mucho tiempo, mi atención quedo cautivada. Necesito escribir su presencia por si un día olvido, poder recordarla, porque sé que quien recuerda a esta mujer, alcanza el cielo y el paraíso…

Su pelo de color cobrizo, con reflejos dorados y unas ondulaciones como si fueran cimas redondeadas de las montañas, como si fueran espirales de un mundo que nadie vio. Se movía cada pelo con esmero y gracia, desprendiendo un aroma afrutado y seco, la ráfaga de aire hacia que el ambiente quedara impregnado por aquel  perfume.

Tenía unos ojos, que en ningún rostro vi anteriormente. Eran misteriosos, y cautivaban, parecían tentadores, desprendían sensualidad y carisma.  Me fascinaba mirarle, porque notaba en esos ojos ausencia de malicia y curiosidad por lo que sucedía a su alrededor.

Eran de color miel, parecían bronce. Eran inquietos y las pestañas simulaban pequeños abanicos hechos por pelos, colocados en sus parpados para proteger aquellos pulcros ojos.

Sus labios parecían fresas, frutas silvestres dulces y sabrosas. Eran carnosos e incitaban a saborearlos, besarlos.

Su rostro…todos esos componentes de su rostro, fueron los que me alejaron de la realidad, y parecía sumergido en un sueño, un lugar de fantasía y ella una semidiosa.

Descendió por las escaleras del autobús, y se bajó. Ahora pienso que si se hubiese quedado más tiempo, en ese automóvil, me hubiera declarado. Era como ver un ángel en aquella nube de cotidianidad.

Desde entonces creo en los ángeles, además, llevo todas las noches soñando con ella…

teresa

 

Algunas veces  cuando escribo noto, como si me desnudara al mundo, sin tenerle la menor vergüenza posible. Como si me despojara de todas mis ropas, accesorios, y me quedara limpia, desnuda ante toda la humanidad.

Cuando tecleo sin pensar, sin prestarle el mínimo interés a lo  correcto, sin escuchar la parte sensata, siento que me quedo completamente escueta, sin adornos. Observada, mirada, sin discreción alguna, sin pensar en el que dirán.

Es la misma sensación, si en todos estos papeles escritos, me reflejo tal cual, sin accesorio alguno, sin maquillaje, sin meras distracciones, es como ir quitándose la ropa despacio y meticulosamente. Todos estos papeles, que dicen tan solo lo que me viene a la cabeza en este mismo instante. Si critico al ser mas amado, y añoro tantos tiempos y me despego de las falsedades y me rindo, sinceramente al realidad mas cierta. Me noto desnuda y sin simples artilugios.

Y no me importa, no siento reparo, ni vergüenza. Sí, soy una desvergonzada por chillar a través de todos los papeles, lo más profundo que pueda quedar en mí, sin prestarle atención al cuidado. Me da igual mostrarme, sinceramente, me da igual.

Mientras me desnudo escribiendo todas estas palabras, me libero de la rutina, de todas sus mentiras y falsedades, de todo su aburrimiento, y me dejo influenciar por los sueños, la fantasía y la imaginación.

Tan solo escribiendo. Cerrando los ojos. Y dejándome llevar.

TERESA

Siempre fuiste un bohemio de sombrero, cigarrillos y guitarra en mano, acompañando largos viajes con poemas de Bécquer. Nunca estuviste conforme con nada.

Siempre pensé que tu forma de ser y ver la vida, como un juego te traería malas consecuencias.

No me equivoqué, me impresiona verte sumergido en esa nube de humo, donde el brillo de tus ojos, es difuminado por un rojo asqueroso.

Bebiendo copones de alcohol puro, acompañándote la velada una puta rubia, que supongo, serás su dueño, y compartiendo billetes, esnifando alguna que otra raya de cocaína. Sumergido en toda esa mierda, estabas tú.

Y ya me dijeron las malas lengua, pero ciertas, que ya no eras un bohemio, sino  un tipo que aspiraba a ser un mafioso italiano.

Me contantes tantas cosas bellas de la vida, por eso me duele tanto, verte ahí, en ese Pub de ricos, adinerados. Además supongo que tu labia,  tu poder de convicción, chulería,  les habrá venido bien a los narcotraficantes.

Asimismo, la rubia, no sabe ni siquiera  llevar correctamente, el vestido de Dior, ni combinarlo con el bolso y mucho menos con unos Manolos. ¡Qué desgracia!

Pero supongo, que ella callará, no se revelará, tan solo será eso, una puta en la cama.

Allí, estaba yo, como una tonta, apoyada en una butaca con una simple cerveza y unos cuantos cigarrillos, el nerviosismo me corroía por dentro.

Te observó, y ni siquiera sé, si me reconoces. Es cierto, no quitas la vista, no paras de mirarme, pero no advierto ninguna expresión en tu rostro, solo miras, alucinado…

Siento, juro que siento la necesidad de ir y sacarte de allí, de toda esa basura, pero la rubia te coge, te mira, se adueña de tus labios, con tal poca delicadeza, que huyo de aquel lugar, realmente asustada e impresionada…

Teresa

 

Hablémonos de tu a tu, seamos capaces de mirarnos en la máxima profundidad y silencio.

Encontrémonos en los placeres, en el amor, en las caricias; la vida.

Busquémonos miradas, en nosotros. En ti. En mí. En los dos.

Alejémonos, de las palabras y hagamos hechos.

Por un momento me olvidaré de las palabras. Resulta sorprenderte ¿verdad? Siempre velando por las letras, sumergiéndome  en ellas, y ahora, utilizando la tinta, te digo que nos olvidemos de las palabras, y actuemos. Como soy…

Adentrémonos en lo más profundo del verbo amar, no necesito meras conjugaciones, ni concordancias de género y número. Practiquemos el amor, llevemos a cabo cada una de sus maneras.

 Amar con fuego. Amar con pasión. Amar con valentía .Amar sincera y realmente.

Olvídate de quien eres, de quien soy. Basémonos en besos, en nuestros labios llenos de sentidos. Dibujemos sonrisas y asombros en nuestros dulces rostros.

Joder. ¡Amor, practiquemos el amor!

Tu. Yo .Nosotros. Siempre nosotros en cada uno de nuestros gestos.

Teresa

Me he vuelto a equivocar, el tiempo no te ha mejorado, ya no eres como el vino que me gustaba beber, no has enriquecido e incluso tienes el mismo valor.

Sigues siendo el mismo rockero que conocí en la adolescencia, sigues teniendo el mismo espíritu, fumas de la misma manera y sigues vistiendo los mismos  pitillos.

Creía que cambiarias que te quedarías calvo, con una tripa redonda, te casarías con la primera que pasará y que nunca aprenderías a querer.

Porque por aquel entonces, te daba miedo querer.

Sigues siendo el mismo tipo que se movía con bicicleta, bebía mistela y vivía las horas dando vueltas y vueltas a la vida.

Me he vuelto a equivocar, siempre desee que cambiaras, pero ahora sé, que si hubieses cambiado no serías el mismo, no sentiría nada ya por ti, en cambio así, queda esa esperanza de poder ver a lo lejos, siempre a lo lejos, que eres el mismo rockero de siempre.

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