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Sentadas alrededor de una mesa de madera, alumbradas por luces tenues, pacíficamente, en aquel Pub dónde sólo necesitábamos seis claras con limón y nuestra buena compañía. Nos mirábamos, suspirábamos e intentábamos comprendernos. Debatíamos sobre el amor, maldito tema del amor, que crea locuras en nuestras cabezas.

 No, no somos iguales. Diferentes en todos los sentidos, cada una con sus gustos y sus hombres. Diferentes pero con una misma verdad: la necesidad de tener en nuestra vida alguien que provoque una revolución en cada hueco de nuestra cabeza, alguien que sepa enredar todos nuestros sentidos, hasta que nos vuelva locas.

Qué tendrá el amor que nos vuelve tan estúpidas…. No lo sé, y creo que nunca encontraré la sustancia prohibida del amor, siempre quedará indefinida y jamás descubierta.

Siempre pensé que el dinero y la fortuna era lo más deseado…ahora sé que no. Tan sólo cuando se habla de amor se llena la boca de palabras que reflejan miles de sentimientos, amores traicioneros, perdidos, deseados, odiados, amores verdaderos, amores con pasión…

El amor es tan subjetivo y relativo… 

Allí nos encontrábamos, conversando sobre nuestras estupideces; no, no somos tontas por sentir lo que sentimos, por recordar y nunca olvidar, por ponerle su nombre a la ciudad.

De los recuerdos, del pasado, de los errores se formas las personas.

Tan sólo brindábamos por nosotras, y por todo lo que nos regalará el futuro.

Teresa.

Te repites constantemente que no debes tener miedo. Que la confianza y seguridad deben ser tus mejores aliadas. Pero sé que luego todo cambia, finaliza como no lo deseabas, yéndose las ilusiones al lugar menos deseado: tu silencio.

Siempre callas y no reaccionas. No te muestras y te escondes.

No pido que seas como ella, y que de tanto mostrar te salgas de tu interior, hasta tal punto que des de comer a las bocas hambrientas. No, no ni mucho menos.No quiero que seas como ella, que no tengas claras tus emociones, y que el querer sea sinónimo de monotonía.No pidas que todo resulte fácil, tal cual lo esperabas, siempre te he advertido que toda lucha tiene una recompensa.

 De verás, si te dedico estas palabras, es para que escuches tu interior, y encuentres a tu persona.

Alguna vez en nuestra vida, necesitamos alejarnos del mundo, arrinconarnos en una esquina, cerrar los ojos, encontrarnos con el  silencio, y hablar al  interior. Decirte a ti misma constantemente,  lo nunca dicho, verdades y sentimientos.

Es el momento en el cual debes  mirar desde arriba tu vida, e incluyas a él en el lugar correcto, pienses si vale la pena luchar por él. Ya te dije, que no quiero que seas como ella, y que él sea un simple capricho.

Os miráis inocentemente, pero calláis. Pero los ojos dicen más que unas palabras

No hay quien os entienda. Si en el ambiente se podrían cortar los deseos…

Te lo repito, no aprendas de ella. Si necesita jugar al amor, y pasar el rato con él, perfecto, pero  no le copies. Si sientes celos de ella porque le toca, ignórala, márchate a otro lugar, maldícela.

Acabará cansándose de las estupideces de la niña, se dará cuenta del tiempo perdido.

Sólo me queda decirte que quieras de verdad, que hables de corazón que sonrías  con amor, que actúes con naturalidad y sobre todo que apartes de ti el maldito miedo, ignóralo por un momento…

 

 

 

 

Teresa

 

Recuerdo cuando tenía seis años, y el día de los Reyes Magos, lo vivía con cierta felicidad, sintiendo la magia y soñando que acudían tres reyes, que entraban por la ventana o traspasaban la puerta, para dejarme algún regalo…

Siempre me proponía no dormir esa noche, tan solo para poder verlos. Y nunca lo lograba, acababa durmiéndome y a la mañana siguiente ya tenía los regalos. Pero estoy segura de que algún año vi una capa y un  camello en mi balcón.

Con unos años de más, ya no tengo la misma ilusión, ni el mismo miedo que tenía a los Reyes que aparecen en las cabalgatas, ni siquiera me miran a mí. Con seis años, notaba que me miraban e incluso me guiñaban un ojo, y ante eso aparecía todo mi respeto y bajaba la mirada.

Cuando me dijeron la realidad, fue una desilusión muy grande, siempre creyendo en la magia, para que al fin se esfumara, al igual que desaparecen los polvos mágicos al soplarlos.  

Ahora siendo algo más mayor, no pienso en mis regalos, ni en los Reyes Magos, tan solo en aquellos niños que no reciben nada. Que se levantan año tras año y no encuentran un mero puzzle, ni una muñeca, ni una pelota, ni una bici.

Nada. Porque ellos no tienen nada, viven en la miseria y aun así arrancan sonrisas cuando les ofreces cualquier cosa, cuando simplemente les dedicas una mirada sonriente o un abrazo. Todavía te muestran sus dientes de leche, y sonríen.

Es aquí cuando para mí se acaba la magia de este día, tal vez si recibiéramos todos por igual, cada  niño tuviera un regalo a los pies de su cama, entonces seria el día más mágico del año. Ahora solo sirve para mostrar las claras diferencias del mundo en el que vivimos…

Teresa.

Ella

Nunca imagine que mis ojos podían ver tal belleza, que serian aptos para contemplar aquel rostro. Nunca creí que encontraría a una mujer, de la cual no pudiera decir que era guapa ni opinar, porque tales piropos que pudiera decirle, ninguno de ellos alcanzaría toda su perfección, decirle que era preciosa era ridículo, en comparación con lo que cualquier ojo humano, podía mirar.

No te cansabas de mirarla, no dañaba la vista, la milésima de segundo que parpadeaba era una catástrofe para mí, para este hombre que nunca vio tal belleza sobrehumana.

Quiero describir con esmero todo lo que vi, aunque no fuera por mucho tiempo, mi atención quedo cautivada. Necesito escribir su presencia por si un día olvido, poder recordarla, porque sé que quien recuerda a esta mujer, alcanza el cielo y el paraíso…

Su pelo de color cobrizo, con reflejos dorados y unas ondulaciones como si fueran cimas redondeadas de las montañas, como si fueran espirales de un mundo que nadie vio. Se movía cada pelo con esmero y gracia, desprendiendo un aroma afrutado y seco, la ráfaga de aire hacia que el ambiente quedara impregnado por aquel  perfume.

Tenía unos ojos, que en ningún rostro vi anteriormente. Eran misteriosos, y cautivaban, parecían tentadores, desprendían sensualidad y carisma.  Me fascinaba mirarle, porque notaba en esos ojos ausencia de malicia y curiosidad por lo que sucedía a su alrededor.

Eran de color miel, parecían bronce. Eran inquietos y las pestañas simulaban pequeños abanicos hechos por pelos, colocados en sus parpados para proteger aquellos pulcros ojos.

Sus labios parecían fresas, frutas silvestres dulces y sabrosas. Eran carnosos e incitaban a saborearlos, besarlos.

Su rostro…todos esos componentes de su rostro, fueron los que me alejaron de la realidad, y parecía sumergido en un sueño, un lugar de fantasía y ella una semidiosa.

Descendió por las escaleras del autobús, y se bajó. Ahora pienso que si se hubiese quedado más tiempo, en ese automóvil, me hubiera declarado. Era como ver un ángel en aquella nube de cotidianidad.

Desde entonces creo en los ángeles, además, llevo todas las noches soñando con ella…

teresa

 

Algunas veces  cuando escribo noto, como si me desnudara al mundo, sin tenerle la menor vergüenza posible. Como si me despojara de todas mis ropas, accesorios, y me quedara limpia, desnuda ante toda la humanidad.

Cuando tecleo sin pensar, sin prestarle el mínimo interés a lo  correcto, sin escuchar la parte sensata, siento que me quedo completamente escueta, sin adornos. Observada, mirada, sin discreción alguna, sin pensar en el que dirán.

Es la misma sensación, si en todos estos papeles escritos, me reflejo tal cual, sin accesorio alguno, sin maquillaje, sin meras distracciones, es como ir quitándose la ropa despacio y meticulosamente. Todos estos papeles, que dicen tan solo lo que me viene a la cabeza en este mismo instante. Si critico al ser mas amado, y añoro tantos tiempos y me despego de las falsedades y me rindo, sinceramente al realidad mas cierta. Me noto desnuda y sin simples artilugios.

Y no me importa, no siento reparo, ni vergüenza. Sí, soy una desvergonzada por chillar a través de todos los papeles, lo más profundo que pueda quedar en mí, sin prestarle atención al cuidado. Me da igual mostrarme, sinceramente, me da igual.

Mientras me desnudo escribiendo todas estas palabras, me libero de la rutina, de todas sus mentiras y falsedades, de todo su aburrimiento, y me dejo influenciar por los sueños, la fantasía y la imaginación.

Tan solo escribiendo. Cerrando los ojos. Y dejándome llevar.

TERESA

Siempre fuiste un bohemio de sombrero, cigarrillos y guitarra en mano, acompañando largos viajes con poemas de Bécquer. Nunca estuviste conforme con nada.

Siempre pensé que tu forma de ser y ver la vida, como un juego te traería malas consecuencias.

No me equivoqué, me impresiona verte sumergido en esa nube de humo, donde el brillo de tus ojos, es difuminado por un rojo asqueroso.

Bebiendo copones de alcohol puro, acompañándote la velada una puta rubia, que supongo, serás su dueño, y compartiendo billetes, esnifando alguna que otra raya de cocaína. Sumergido en toda esa mierda, estabas tú.

Y ya me dijeron las malas lengua, pero ciertas, que ya no eras un bohemio, sino  un tipo que aspiraba a ser un mafioso italiano.

Me contantes tantas cosas bellas de la vida, por eso me duele tanto, verte ahí, en ese Pub de ricos, adinerados. Además supongo que tu labia,  tu poder de convicción, chulería,  les habrá venido bien a los narcotraficantes.

Asimismo, la rubia, no sabe ni siquiera  llevar correctamente, el vestido de Dior, ni combinarlo con el bolso y mucho menos con unos Manolos. ¡Qué desgracia!

Pero supongo, que ella callará, no se revelará, tan solo será eso, una puta en la cama.

Allí, estaba yo, como una tonta, apoyada en una butaca con una simple cerveza y unos cuantos cigarrillos, el nerviosismo me corroía por dentro.

Te observó, y ni siquiera sé, si me reconoces. Es cierto, no quitas la vista, no paras de mirarme, pero no advierto ninguna expresión en tu rostro, solo miras, alucinado…

Siento, juro que siento la necesidad de ir y sacarte de allí, de toda esa basura, pero la rubia te coge, te mira, se adueña de tus labios, con tal poca delicadeza, que huyo de aquel lugar, realmente asustada e impresionada…

Teresa

 

Hablémonos de tu a tu, seamos capaces de mirarnos en la máxima profundidad y silencio.

Encontrémonos en los placeres, en el amor, en las caricias; la vida.

Busquémonos miradas, en nosotros. En ti. En mí. En los dos.

Alejémonos, de las palabras y hagamos hechos.

Por un momento me olvidaré de las palabras. Resulta sorprenderte ¿verdad? Siempre velando por las letras, sumergiéndome  en ellas, y ahora, utilizando la tinta, te digo que nos olvidemos de las palabras, y actuemos. Como soy…

Adentrémonos en lo más profundo del verbo amar, no necesito meras conjugaciones, ni concordancias de género y número. Practiquemos el amor, llevemos a cabo cada una de sus maneras.

 Amar con fuego. Amar con pasión. Amar con valentía .Amar sincera y realmente.

Olvídate de quien eres, de quien soy. Basémonos en besos, en nuestros labios llenos de sentidos. Dibujemos sonrisas y asombros en nuestros dulces rostros.

Joder. ¡Amor, practiquemos el amor!

Tu. Yo .Nosotros. Siempre nosotros en cada uno de nuestros gestos.

Teresa

Me he vuelto a equivocar, el tiempo no te ha mejorado, ya no eres como el vino que me gustaba beber, no has enriquecido e incluso tienes el mismo valor.

Sigues siendo el mismo rockero que conocí en la adolescencia, sigues teniendo el mismo espíritu, fumas de la misma manera y sigues vistiendo los mismos  pitillos.

Creía que cambiarias que te quedarías calvo, con una tripa redonda, te casarías con la primera que pasará y que nunca aprenderías a querer.

Porque por aquel entonces, te daba miedo querer.

Sigues siendo el mismo tipo que se movía con bicicleta, bebía mistela y vivía las horas dando vueltas y vueltas a la vida.

Me he vuelto a equivocar, siempre desee que cambiaras, pero ahora sé, que si hubieses cambiado no serías el mismo, no sentiría nada ya por ti, en cambio así, queda esa esperanza de poder ver a lo lejos, siempre a lo lejos, que eres el mismo rockero de siempre.

Siempre me han descrito como soñadora, toda mi vida he tenido que oír verdades como puños, y creerme que son falsedades, tan solo porque me duele escucharlas, me duele perder los sueños de mi imaginación y arrancarme el valor de todos ellos.

Siempre he confesado que mi vergüenza se apodera de mí, y que a veces manda y me sumerjo detrás de ella silenciosamente.

He esperado que apareciera alguien como tú…y aquella vez maldita sea me di cuenta de que si me besabas quedaría colgada de ti.

Y ahora el dolor es más fuerte….

Y ahora aquí estoy debatiéndome conmigo misma, enseñándome a luchar por arrancarte de mi mente.

Es cierto nadie me dijo que querer fuera fácil, pero tampoco creía que sería tan difícil olvidarte. Es cierto,después de esos besos, nada sería fácil…

No importa, sé que no importa, en esta vida si no eres fuerte te hundes, y yo no quiero hundirme por si algún día cuando ya no te quiera, pueda volver a ver tus ojos…

 No hacía mucho que nos conocíamos ni siquiera sabias al cien por cien mis gustos y aficiones. Tan solo te obsesionaba hacerme feliz o al menos eso intentabas, ahora me doy cuenta de que no siempre lo lograbas.

Cuantas veces he oído hablar de la ceguera del amor, he escuchado historias con finales infelices, tristes, aciagos…Acabados así por culpa de esa maldita ceguera.

En este tiempo, no me he dado cuenta del velo que cubría mis ojos, no era transparente ni nítido…

Ingenua de mí creyéndome que tú y yo estábamos destinados. ¿Por qué me lance al vacío tan pronto? No lo sé, supongo que por una triste y simple corazonada.  

No, no estábamos hecho el uno para el otro. Sin embargo, no te culpo de nada, estúpidos hemos sido los dos.

Me sumerjo en estas páginas, poniéndole ganas y sentimiento a cada palabra escrita por este pequeño puño, me  sumerjo aquí para afirmar mis pensamientos, escribirlos y que queden marcados para siempre.

Me di cuenta el momento en qué te perdí noté cierta tristeza en tu mirada, desorden en cada palabra y desgana en cada gesto. Supe entonces que ya no te quería y que te había perdido .Observándote en silencio esperaba reproches, enfados gritos, pasión… pero no, todo lo contrario. Me encontré con el silencio más simple, ese que siempre otorga. Haciéndome ver que jamás lucharías por este corazón; y me alegré tanto, porque no quería sufrir más.

Todas las noches desde lo más profundo de mis entrañas, allí donde todo es emoción, oía gritos de desesperación, de rabia, de furia por decir querer al que no quería de verdad y sobre todo mentir en mí querer.

No necesito ni tus besos ni abrazos, ni tu orgullo ni mentira,… no necesito nada de eso porque solo quiero un hombre sencillo.

Quiero querer de verdad. Amar al amado. Vivir por amor.

El momento en que yo te perdí mi corazón y cada partícula de mi cuerpo, sonrío alegremente, respirando y latiendo a un ritmo incontrolado, hasta tal punto, que creí notar que el corazón se me salía del pecho.

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